De vuelta a Barcelona y rememorando mercados no puedo pasar por alto uno de los más famosos – diría yo – del mundo, Sant Josep de la Boquería o la Boquería a secas para los familiares y amigos.
Este mercado se ha convertido en una parada obligatoria para los turistas y muchos chefs de la ciudad todavía bajan personalmente a comprar alguna cosilla - no es casualidad que el taller de El Bulli esté en la zona – pero esto no pasa solo por su ubicación estratégica en medio de Las Ramblas, sino por la variedad que ofrece y porque forma parte de la ciudad desde siempre, por eso todos los cocineros lo llevan en el corazón.
Las primeras referencias sobre el mercado se hicieron en 1217, cuando alrededor de la zona que correspondía al borde de la ciudad se colocaban puestos improvisados que vendían carne, de ahí fue evolucionando y cambiando de nombres a lo largo de los años, ofreciendo cada vez más y más productos hasta que varios siglos después.
A mediados de 1800 se decidió crear un recinto que albergara principalmente a los pescaderos y carniceros para preservar un poco la higiene, luego se reconoció oficialmente como mercado y el 1840 se construyo e inauguro la estructura oficial, que ha sido ligeramente modificada y ampliada, pero que conserva el mismo techo de metal desde 1914.
La Boqueria es como una familia grande, cada puesto tiene una historia que contar y por lo general pasan de generación en generación de gente que atiende y mima su producto como si fuera parte de esa familia, así como de gente de toda Barcelona que peregrina para comprar lo mejor de la temporada; además del ‘colorido’ que aportan los grupos de visitantes de aquí y allá, deslumbrados por los colores de la fruta de la entrada o buscando un buen ibérico para llevar de vuelta a casa.
Es uno de los pocos lugares en Barcelona, donde se puede encontrar casi de todo! Recuerdo que hace muchos años era el único sitio donde encontrar hojas de plátano o especias latinoamericanas, ahora hay especias de todo el mundo, las mejores carnes y pescados, frutas y verduras de foto, incluso de vez en cuando hay curiosidades como una vez hace años que una parada vendía bichos tostados o dentro de una piruleta o más recientemente la curiosa flor eléctrica – de la que ya les contaré en otro post – que fue por un tiempo exclusiva para los restaurantes... Son alrededor de 500 puestos en total con mucho que ofrecer.
Con los años, como en todo, ha venido la evolución y la boqueria es un símbolo indiscutible de la ciudad, ha ganado varias veces como el mejor en muchos concursos internacionales, hace intercambios de ideas con muchos mercados de Europa y se ha adaptado muy bien a los tiempos que corren, hace pocos años inauguraron un aula donde ofrecen monográficos o talleres de cocina de mercado, pero también la alquilan a grupos que desean hacer sus pinitos en cocina con el mejor marco de fondo.
En este mercado como en toda la ciudad, se respira un ambiente mágico! Vale la pena comer o picar algo en uno de los restaurantes que están dentro o pasar y tomar algo de fruta mientras se recorren los pasillos y se vive ese ambiente tan acogedor y autentico. Sin duda una parada obligatoria para cualquier curioso de la gastronomía ;)

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