Hace pocos días en Londres tuve la gran suerte de tener un fin de semana culinario que lleno mis sentidos (y mi estomago) de sensaciones increíbles.
Todo empezó el sábado noche, en Texture, un restaurant donde tuve el gran gusto de trabajar unos meses… El ritual comenzó con una copa de champagne y unos chips muy originales, aparte de patata sirven 2 variedades más unos de parmesano y otros de piel de bacalao rociados con polvo de algas.
Fuimos del champagne bar al salón principal, donde hay un ambientazo! Luego de hablar con Aggi, el chef y cerebro de Texture, decidimos dejarnos sorprender por su creatividad y los productos del día… y no nos defraudo!
De todo sin duda lo mejor fue el plato estrella del chef un pichón de Anjou con esencia de vino rojo, un poco de shallot, maíz dulce y palomitas de bacon; un sabor sublime, la carne en su punto – nada de sangre – y combinación de texturas excepcional
De verdad que tiene muy bien merecida la estrella Michelin y todos los reconocimientos que tiene tanto en comida, como en trato y servicio, sin lugar a dudas valió la pena y hay que volver.
El domingo fui rumbo a la Fine Food Fair, ya que la empresa de microvegetales para la que ya trabajé en España en otras oportunidades tenía un espacio y colaboré con ellos para la feria, lo cual es siempre un honor. De esto hablaré mas en profundidad en otro post, porque estos micro-milagros dan mucho material!!!
Solo les adelanto que entre las cosas nuevas que traian estaba una flor con sabor a judía adzuki bautizada Bean Blossom, que realmente me sorprendió.
Hable todo el día sin parar con un sinfín de gente interesante del medio, mientras les daba a probar una cosa y otra.
Entre la gente que conocí me encontré con el chef y la sommelier de Umu (para el que tenia reservación la noche siguiente!), que está catalogado ahora mismo como uno de los mejores restaurantes de comida Japonesa en Londres y les comente por supuesto que nos veríamos al dia siguiente, lo cual como buenos anfitriones nipones se tomaron muy a pecho.
La noche del lunes comenzó perfecta, en el ecléctico y mega Londinense Sketch , con un coctel de mezcla de berries con vainilla, vodka y ¡sorpresa! Aceite de Oliva que le aporta un aroma y una personalidad increíble.
Luego de un buen rato en el ‘salón de té’, Erica – amiga, sommelier y gran gourmet – y yo luego de dar un tour por todas las salas, emprendimos viaje a lo mejor de este local: lo baños… Una explanada blanca digna de un video de Lady Gaga, sembrada de huevos gigantes: con luz rosa para chicas y luz azul para chicos, no tiene desperdicio, en general un sitio muy curioso que vale la pena ver.
Llego la hora de Umu, por el cual sentía gran curiosidad, ya que a mi malcriado paladar después de viajar a Japón nada le sabe igual…
Hay un par de opciones de Kaiseki (una degustación que se inspira en cada temporada, ya saben de donde salio la idea de hacerlo por estos lados!), pero decidimos escoger de todo un poco para probar lo que nos pareció mas interesante.
Entre las cosas que más me gustaron estaban unos langostinos semi crudos que nos envió el chef con un caldo de bonito seco texturizado bien interesante, tenia wasabi fresco con salsas y cremas en varios tipos de miso y soja; sorprendentemente el postre me fascino una bola de helado de te Matcha , otra de helado de miso blanco, con un cake de este mismo té y rociado de frutos rojos de verdad increíble, aparte maridado con un buen sake a temperatura perfecta.
Todo muy correcto, pero nada que se le acerque a la calidad y a la perfección que se degusta en cada cucharada de cada cosa que me he comido en mi querido Tokio!
Igual fueron 48 horas rodeada de grandes experiencias culinarias, un fin de semana que siempre recordare!

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